Seminario I

En este primer seminario de nuestra asignatura de E. del Envejecimiento, hemos visualizado un fragmento de la película “Los límites de la realidad”, donde un grupo de ancianos de una residencia querían volver a ser jóvenes y por una noche son niños.

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Así pues reflexionamos sobre varios aspectos tales como, el papel que tenemos los enfermeros/as o cuidadores/as en esta población, que en la película pasa desapercibida, los valores que la sociedad tiene de los ancianos y nuestras apreciaciones personales, así como la posibilidad de trabajar en una residencia o geriátrico en un futuro.

Es bien conocido por todos, que vivimos en una sociedad que atribuye una serie de valores en la vejez que, muchos de ellos muy lejos de ser verdad, provocan en estos sentimientos negativos e incluso los obliga a comportarse de una determinada forma ante los demás. Tanto es así, que en los ancianos, la edad además de tener un enfoque cronológico o psicológico como en el resto de las personas, adquiere una perspectiva social, es decir, la sociedad dictamina como debe comportarse una persona cuando es mayor, cuando cumple 65 años generalmente y recibe la jubilación, y de la noche a la mañana, con 64 años eras válido para una sociedad activa, y con 65 ya eres una persona pasiva como se denominan, que ya no solo es que no produzcas, sino que incluso pueden llegar a ser un estorbo.

Además de esto, la sociedad también atribuye otra serie de valores que deben cumplir estas personas mayores como cuidar a los nietos o ayudar a los hijos si se encuentra en disposición, cambiar su forma de aparecer en sociedad y expresarse, parece que ahora los hijos son los padres y los ancianos infantiles, y muy importante la gran cantidad de falsos mitos que rodean la sexualidad de los ancianos, que si hablan de sexo o lo practican son “viejos verdes”, o incluso es impensable para la sociedad, imaginarse a sus “abuelos” practicando sexo. Esta serie de falsos mitos sobre la sexualidad en ancianos la podemos encontrar en un artículo muy interesante del enfermero Juan Manuel Leyva-Moral, que dice así: “Que el sexo en los ancianos sea un tema tabú no es debido sólo a la fiebre de lo joven que vive la sociedad actual. Lo cierto es que los ancianos han practicado, practican y practicarán sexo y por tanto, los profesionales de la salud deben estar preparados para abordar este tema con ellos, aparte de hacer el esfuerzo de eliminar todos los prejuicios al respecto”¹.

Sin embargo, desde mi propia perspectiva y tras una reflexión personal, podemos ver como estos valores se atribuyen a los ancianos de una manera más o menos dictatorial según la posición que estos hayan tenido durante su vida, al menos, en la vejez más temprana que abarca entre 65 y 75 años. Así pues en los pueblos, parece que a aquellos ancianos que han sido personas ilustres, el típico profesor, maestro, médico o sacerdote, se les tiene más estima y respeto en sociedad, incluso a muchos de ellos, se les hacen homenajes o se les escuchan y valoran. Además, también debemos acordarnos de otras culturas como en el caso de la etnia gitana, donde los ancianos son la máxima autoridad en la familia, el “patriarca” o la “matriarca”, que son los que deciden y dirigen la familia y que como podemos ver en el hospital, jamás o rara vez estarán solos sino rodeados de multitud de gente.

De este modo, para la enfermería este grupo de población es primordial, ya que además con el aumento de la esperanza de vida, la inmensa mayoría de nuestros pacientes serán ancianos o mejor dicho ancianas, porque al tener más esperanza de vida pero con peor calidad que ellos, “la vejez tiene cara de mujer” y en mi caso, aunque me gustan mucho los niños, no me importaría en absoluto y creo que disfrutaría y me sentiría realizado profesional y personalmente trabajando en una residencia, porque incluso el año pasado en la planta del hospital, lejos de lo que yo imaginaba antes de comenzar, terminé encantado con todos y cada uno de mis pacientes ancianos, de hecho muchas veces cuando ingresaba una persona, quería que fuera alguien mayor, porque es impresionante el cariño, el respeto, la dulzura con la que te tratan y sobretodo la gratitud que te demuestran siempre.

Por último, quiero concluir con una frase de la escena que me llamó profundamente la atención, que invite a reflexionar a la sociedad  y que es la siguiente: “El día que dejamos de jugar, fue el que empezamos a envejecer”.

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Bibliografía

Leyva-Moral Juan Manuel. La expresión sexual de los ancianos: Una sobredosis de falsos mitos. Index Enferm  [revista en la Internet]. 2008  Jun [citado  2015  Oct  21];  17(2): 124-127. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962008000200010&lng=es.

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